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En torno a la democracia se han dicho y escrito muchas cosas,
algunas de ellas verdaderamente sorprendentes, empezando por la
definición misma del concepto. Así hemos escuchado alguna vez que
se atribuye a Abraham Lincoln haberla descrito, de manera muy
sencilla, como "el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el
pueblo". O la un poco más elaborada de Norberto Bobbio, el célebre
politólogo cabeza de la llamada escuela de Turín fallecido apenas
en enero pasado, quien en su "definición mínima de democracia"
escribió: "Se entiende por régimen democrático un conjunto de
reglas procesadas para la toma de decisiones colectivas en el que
está prevista y propiciada la más amplia participación posible de
los interesados".
O bien la definición irónica de Winston Churchill, quien dijo de
la democracia que es "un mal sistema de gobierno, salvo en un
sentido: todos los demás son peores".
Pues bien, se considera que la expresión democracia fue acuñada
hace unos 25 siglos. Según algunos autores, fue el historiador
Herodoto el primero en emplear el término. En sentido estricto, en
realidad no fue así, toda vez que la palabra "democracia" no
aparece tal cual en el texto escrito por Herodoto, sino que fueron
sus traductores los que llamaron así a la comunidad política
dirigida por el "demos", es decir, por el pueblo o por muchos, en
sentido claramente opuesto a la que es conducida por una monarquía
o por una oligarquía.
Sorprende sin embargo que el vocablo "democracia" haya caído
durante más de dos mil años en el más completo olvido a grado tal,
según afirma Sartori, que la palabra prácticamente desapareció de
la lengua y perdió cualquier connotación elogiosa.
Al reflexionar sobre tan singular como sorprendente hecho, Sartori
aventura una interesante hipótesis para explicar el largo silencio
histórico y la terminación de éste, en un párrafo que no tiene
desperdicio y dice así: "El olvido en que cayó el término
'democracia' es totalmente significativo, pues demuestra
claramente por sí mismo que el hundimiento de las democracias
antiguas fue tan definitivo como memorable. Y éste sugiere a su
vez que el hecho de que haya vuelto de nuevo a usarse la palabra
significa que algo nuevo ha aparecido".
Agrega el pensador italiano que "aunque la palabra es griega, lo
que nosotros denominamos democracia nació fuera de Grecia y sobre
bases que el pretendido 'temperamento liberal' de la política
griega ignoraba completamente. Sobre todo las democracias modernas
están relacionadas con el descubrimiento de que el disenso, la
diversidad y las 'partes' (que se convierten en partidos) no son
incompatibles con el orden social y el bienestar del cuerpo
político, y están condicionadas por dichos descubrimientos".
La reflexión es perfectamente aplicable a nuestro país. Hace tres
años, al producirse la alternancia con motivo de las elecciones
del 2 de julio, quedó atrás el régimen autoritario, terminó la
etapa de la transición y dio inicio la consolidación democrática.
Sin embargo, las dificultades se han multiplicado a raíz de que
los instrumentos del pasado, obviamente de corte autoritario, ya
no están más al alcance ni terminan de construirse los nuevos. Hay
por tanto desesperación por no tener a la vista los esperados
frutos que de la democracia se esperaban. Ya llegarán.
En especial, como apunta Sartori, si se comprende que el disenso,
la diversidad y las "partes" (y podría agregarse la tolerancia, la
transparencia y otros elementos de corte democrático) los hacemos
compatibles con el orden social y el bienestar de la comunidad.
Es el paso que falta y darlo habrá de costar alguna dificultad. De
otra manera pudiéramos enfrentar el desencanto democrático. O en
palabras de Sartori el hundimiento de la democracia, como ya
sucedió en la antigüedad, "hundimiento que fue tan definitivo como
memorable".
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Miembro del PAN
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