EN TORNO A LA DEMOCRACIA

Por Juan Antonio García Villa *


En torno a la democracia se han dicho y escrito muchas cosas, algunas de ellas verdaderamente sorprendentes, empezando por la definición misma del concepto. Así hemos escuchado alguna vez que se atribuye a Abraham Lincoln haberla descrito, de manera muy sencilla, como "el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo". O la un poco más elaborada de Norberto Bobbio, el célebre politólogo cabeza de la llamada escuela de Turín fallecido apenas en enero pasado, quien en su "definición mínima de democracia" escribió: "Se entiende por régimen democrático un conjunto de reglas procesadas para la toma de decisiones colectivas en el que está prevista y propiciada la más amplia participación posible de los interesados".

O bien la definición irónica de Winston Churchill, quien dijo de la democracia que es "un mal sistema de gobierno, salvo en un sentido: todos los demás son peores".

Pues bien, se considera que la expresión democracia fue acuñada hace unos 25 siglos. Según algunos autores, fue el historiador Herodoto el primero en emplear el término. En sentido estricto, en realidad no fue así, toda vez que la palabra "democracia" no aparece tal cual en el texto escrito por Herodoto, sino que fueron sus traductores los que llamaron así a la comunidad política dirigida por el "demos", es decir, por el pueblo o por muchos, en sentido claramente opuesto a la que es conducida por una monarquía o por una oligarquía.

Sorprende sin embargo que el vocablo "democracia" haya caído durante más de dos mil años en el más completo olvido a grado tal, según afirma Sartori, que la palabra prácticamente desapareció de la lengua y perdió cualquier connotación elogiosa.

Al reflexionar sobre tan singular como sorprendente hecho, Sartori aventura una interesante hipótesis para explicar el largo silencio histórico y la terminación de éste, en un párrafo que no tiene desperdicio y dice así: "El olvido en que cayó el término 'democracia' es totalmente significativo, pues demuestra claramente por sí mismo que el hundimiento de las democracias antiguas fue tan definitivo como memorable. Y éste sugiere a su vez que el hecho de que haya vuelto de nuevo a usarse la palabra significa que algo nuevo ha aparecido".

Agrega el pensador italiano que "aunque la palabra es griega, lo que nosotros denominamos democracia nació fuera de Grecia y sobre bases que el pretendido 'temperamento liberal' de la política griega ignoraba completamente. Sobre todo las democracias modernas están relacionadas con el descubrimiento de que el disenso, la diversidad y las 'partes' (que se convierten en partidos) no son incompatibles con el orden social y el bienestar del cuerpo político, y están condicionadas por dichos descubrimientos".

La reflexión es perfectamente aplicable a nuestro país. Hace tres años, al producirse la alternancia con motivo de las elecciones del 2 de julio, quedó atrás el régimen autoritario, terminó la etapa de la transición y dio inicio la consolidación democrática.

Sin embargo, las dificultades se han multiplicado a raíz de que los instrumentos del pasado, obviamente de corte autoritario, ya no están más al alcance ni terminan de construirse los nuevos. Hay por tanto desesperación por no tener a la vista los esperados frutos que de la democracia se esperaban. Ya llegarán.
En especial, como apunta Sartori, si se comprende que el disenso, la diversidad y las "partes" (y podría agregarse la tolerancia, la transparencia y otros elementos de corte democrático) los hacemos compatibles con el orden social y el bienestar de la comunidad.

Es el paso que falta y darlo habrá de costar alguna dificultad. De otra manera pudiéramos enfrentar el desencanto democrático. O en palabras de Sartori el hundimiento de la democracia, como ya sucedió en la antigüedad, "hundimiento que fue tan definitivo como memorable".

* Miembro del PAN