AMLO y Fox: El centro político perdido


L
os puntos de intención de voto nacional que López Obrador perdió en las encuestas entre febrero y mayo no han significado su derrota. Pero la pérdida del centro político probablemente sí. El centro es el espacio más valioso del espectro político mexicano. Ahí ganó su elección Fox en 2000. Ahí pudo haberla ganado Cárdenas en 1988. Ahí la quiere ganar Madrazo en 2006.

López Obrador trabajó duro por años para moverse, y mover a su partido, al centro político. Su resistencia a obedecer el llamado de Cárdenas a comprometerse a un programa abiertamente izquierdista, la contratación de Rudolph Giuliani para elaborar un programa de seguridad urbana, la construcción de los segundos pisos en periférico, la alianza con Carlos Slim para renovar el centro histórico, todo parecía parte de un esfuerzo por limar las aristas más izquierdistas de su perfil político. Su intento parece haber sido infructuoso. La andanada de escándalos parece haberlo convencido de que sus únicos aliados confiables están a su izquierda. Cuando se desató el vendaval los “amigos” empresarios de López Obrador fueron los primeros en abandonarlo a su suerte, si no es que contribuyeron a enriquecer la artillería enemiga. López Obrador mismo desando su largo y difícil camino al centro. Regresarse a la izquierda parece haber sido mucho más fácil y rápido para López Obrador que llegar al centro. El perredista no pudo reprimir los reflejos de su programación retórica: convocó a marchas (aunque después las apagó), respondió a la menor provocación consignando complots derechistas.

Sus rivales no podrían estar más felices. Saben que el dinero en serio, el que se necesita para financiar y ganar una campaña nacional, lo tienen aquellos a quienes más ha asustado la retórica del perredista y sus seguidores: los empresarios. López Obrador era un rival formidable cuando inauguraba obras públicas acompañado por Carlos Slim o Emilio Azcárraga. La imagen de López Obrador con los empresarios significaba algo que políticos de casta como Roberto Madrazo o Diego Fernández de Cevallos temían y respetaban. La imagen de López Obrador como un Cuauhtémoc Cárdenas reeditado no les causa mayor temor; a ese tipo de líder ya le agarraron la medida y le conocen el antídoto. La misma campaña que permitió a Ernesto Zedillo conquistar sobradamente la presidencia en 1994 volvería a funcionar: el votante mexicano le tiene miedo al populismo y a la violencia callejera, le tiene miedo al México bronco. No costaría mucho dejar que el nuevo López Obrador se pinte sólo con esos colores.

Por otra parte, los rivales de López Obrador también saben que el voto que podría permitir a un perredista conquistar la presidencia de México no es el voto duro, sino el voto útil. Los votos que López Obrador encontrará a su izquierda ya los tiene el PRD: son un grupo que el último año ha fluctuado entre el 16%  y el 23% de la población, y que se concentra en los estados del centro y el sur del país. Ese será el voto al que se dirige un Peje cada vez más identificado con el PRD, el voto duro que lo alejará del voto útil, el voto duro que le garantizará perder la presidencia.

Pero López Obrador no está sólo en su huida del centro. En los años pasados Fox se ha venido deshaciendo de los restos de la coalición que lo llevó al poder en el 2000, mientras sus in-house head-hunters  comienzan a llenar la estructura con los ideológicamente afines y fieles. Pronto dejará el gobierno Porfirio Muñoz Ledo, el último izquierdista restante de aquellos que apoyaron a Fox en el 2000. Su inserción no parece haber servido de mucho, pero su ausencia liberará a nuevos críticos y revelará rivales agazapados. Por su parte, los que llegan tampoco parecen sumar mucho. Los nuevos llegan a aprender y con los mismos conflictos de interés que han atado las manos de la acción gubernamental federal en los años pasados. Por otra parte, el conflicto de Fox con el Peje, ha movido al presidente al extremo político opuesto. A diferencia del Peje, el giro de Fox a la derecha no ha sido ideológico o retórico, sino político. Al enfrentar al Peje y al PRD con tanta energía ha quemado cualquier puente de comunicación y de contacto con ellos y con sus bases. Hoy ya no es creíble el Fox que apeló al voto útil y llamó a una coalición nacional contra el PRI. Los que siguen amando a Fox, quizá lo amen hoy más que nunca; pero los que lo odian ya no se van a sentar a platicar con él.

Paradójicamente, dada la nueva aversión que López Obrador les genera, muchas críticas al nuevo posicionamiento político del gobierno federal han surgido de los líderes empresariales. Se dan cuenta de que el intenso juego político de Fox y del PAN está distrayendo la agenda de gobierno, y está comprometiendo todavía más las posibilidades de concretar acciones mínimas en los siguientes dos años, acciones que requieren las empresas y que demanda el desarrollo del país.

César Hernández, Milenio, Junio 20, 2004

 


 

Encuesta: Debate entre los candidatos
a gobernador en Chihuahua


(Junio, 2004)

Como parte de las actividades electorales en Chihuahua, el día 4 de junio se realizó en el estado un debate público entre los candidatos a gobernador con el fin de dar a conocer a la población sus respectivas propuestas de campaña. En este contexto CONSULTA MITOFSKY realizó una encuesta de opinión telefónica de manera simultánea a este evento para conocer la percepción de los espectadores en torno al desempeño de los candidatos. Los resultados aquí presentados reflejan la opinión de la población con teléfono y que vio o escuchó el debate entre los candidatos a gobernador, lo que deriva en sesgos hacia niveles de ingreso y escolaridad medio y alto, además de ser un segmento de la población interesado en política, es decir, con mayor atención a estos temas.

 

 


 

¿Por qué voy a la marcha?
Voy a la marcha porque no quiero que otros protesten por mí cuando tengo el derecho y el deber de hacerlo con absoluta convicción. Especialmente en estos momentos en que me siento profundamente indignada respecto a la situación de inseguridad que vive actualmente mi ciudad y mi país. Esta inseguridad que día a día nos está minando la voluntad de creer en nuestros gobernantes y hasta en nosotros mismos; que nos está haciendo cada vez más desconfiados de nuestros compatriotas y que nos impide apreciar lo más precioso que tiene el ser humano: la libertad.

Voy a la marcha por solidaridad con los familiares de los que han sido secuestrados y asesinados desde hace muchos años. Al marchar en silencio, pensaré asimismo en sus padres, hijos y amigos. Así en silencio, les daré, con el pensamiento, el pésame y les pediré que no se dejen vencer aunque tengan ganas de explotar por toda la tristeza y la rabia que traen adentro. Les pediré que mejor la compartan con los otros familiares que se encuentran en la misma situación.

Voy a la marcha porque no sé qué hacer con toda la vergüenza que siento por las cosas que pasan en mi país. Siento que me pesa, que me provoca ansiedad, lo cual no hace más que producirme un apetito atroz. Por eso también la odio tanto. Si a esta vergüenza le agregamos la que nos han suscitado los videoescándalos, la corrupción dentro de los partidos, la impunidad de los delincuentes, los asaltos, los secuestros, los asesinatos, las muertas de Juárez, la ciudad caótica por manifestaciones, segundos pisos; las constantes malas noticias y la terrible falta de seguridad, entonces una siente profundas ganas de protestar, de gritar, de abuchear, de patear y de marchar y marchar y marchar sin detenerse. Al hacerlo con paso firme el próximo domingo tal vez logre apachurrar toda esta vergüenza que se parece tanto a la tristeza. Cómo bien escribió María Teresa Priego en su columna del Diario Monitor "Las armas del secuestrador" (23-VI-2004): ¿Se atreverían el presidente de la República y el jefe de Gobierno a mirar a los ojos de los padres de los hermanos Gutiérrez Moreno y a responderles que "exageran"? Me da vergüenza que se peleen tanto los partidos políticos entre sí. Cuando los escucho por la radio o los veo por la televisión, tengo ganas de decirles muy cerquita de la pantalla: ¡¡¡Ya, ya, ya por favor, ya cállense!!! Ya no se digan todas esas cosas tan feas; ya no se acusen; ya no se insulten. ¿Por qué mejor no trabajan juntos por México? Piensen en su país, para eso los contratamos y les pagamos, no para que se estén peleando todo el santo día. ¿Qué no se dan cuenta del ridículo que hacen al estarse recriminando de esa forma? ¿Por qué no son más autocríticos y aceptan sus errores? ¿Por qué mejor no nos unimos todos y vamos juntos a la marcha el próximo domingo? ¿Por qué no podemos ser todos amigos y trabajar unidos para que en nuestro país ya no haya tantos secuestradores ni tantos ladrones, ni tantos violadores y asesinos de mujeres?

Voy a marchar porque con ello quiero decirles a los legisladores que trabajen más, no por el interés de su partido y de su candidato personal, sino por el interés de nuestro país. Quisiera decirles con cada uno de mis pasos que daré el próximo domingo que ya no sean tan frívolos, ni tan "grillos", ni tan mezquinos, ni tan mediocres, ni tan chismosos, ni tan flojos y ni tan poco mexicanos. Cuando piense en ellos, lo haré con el ceño fruncido y con el pensamiento, les diré que no me siento, en absoluto, representada por ninguno de ellos. Les suplicaré que por el bien de todos se pongan de acuerdo. Les suplicaré que piensen en sus representados. Y por último, les rogaré encarecidamente que hagan buenas leyes para que nuestro país pueda vivir más en paz.

Voy a marchar, sí, y lo haré de muy buena fe. Sin recámaras, sin suspicacias, sin prejuicios ni temores ideológicos. Lo haré como cualquier ciudadana del mundo que sale a marchar porque no está nada, nada, nada contenta con la realidad de su país. Lo haré pensando en que todos los que están marchando a mi lado no necesariamente pertenecen ni al Yunque, ni a la extrema derecha, ni al Muro, ni que son militantes de la izquierda, ni que forman parte de un complot contra el gobernador del Distrito Federal, ni que son "orejas" de Gobernación, ni que son "mochos", ni que son reaccionarios, ni que son de la Coparmex, ni que vienen en representación del Opus Dei, ni que son enviados del padre Maciel, ni que son los convocados por Velasco Arzac, ni que son amigos de Muñoz (el de la Presidencia), ni que son protegidas de Martita, ni que son socios de la familia Fox, ni nada. Nada más pensaré que los que están allí, camine y camine, son mexicanos y mexicanas que están muertos de miedo por la inseguridad, que están hartos de la impunidad y que están hasta la coronilla por la corrupción. No hay duda de que muchos de los que estarán allí son familiares de secuestrados, asaltados y violadas. No me importa si pertenecen al Yunque, a la extrema izquierda, si son priistas, perredistas o socios de los hijos de Martita. Lo importante es que todos los que estaremos caminando del Angel de la Independencia hasta el Zócalo lo haremos por una misma motivación, gritar con nuestro silencio: ¡¡¡no a la inseguridad!!!

Voy a marchar por Enrique mi marido, sus hijas, mis hijos, mi yerno, mi nuera y mi nieto. Voy a marchar por mis hermanos y mis primos. Voy a marchar por mis amigos y por mis nuevos vecinos del edificio de Plaza Río de Janeiro. Voy a marchar por mis lectores y lectoras. Voy a marchar por todos mis radioescuchas. También quiero marchar por mis monjas y mis editores. Incluso por mis críticos. Asimismo marcharé por los panistas, los priistas y, naturalmente, los perredistas. No quiero que a ninguno de ellos y ellas les hagan daño. No quiero que los secuestren o que les roben sus pertenencias. Con esta marcha quiero solidarizarme con todos y todas porque seguramente se sienten como yo, impotentes y muy vulnerables. Ricos o pobres, ¿acaso no todos somos sensibles a ser secuestrados, robados y violadas? ¿Acaso cuando salimos a la calle o tomamos un taxi no pensamos que nos pueden secuestrar o robar en cualquier minuto? ¿Acaso no hemos estado, últimamente, imaginando qué le diríamos a nuestros secuestradores para que nos dejen en libertad? En caso de que me secuestren, te lo juro que les voy a decir que tengo cáncer y que me voy a morir muy pronto... No, mejor les diré que tengo un hijo ciego que depende de mí... Les aclararé que no tengo un solo centavo y que mi marido no tiene amigos a quienes pedirles prestado..., me decía ayer aterrada por teléfono una de mis amigas. Mientras imaginaba sus argumentos, la pobre se reía de nervios y no dejaba de hablar y hablar. Ella también va a ir a la marcha.

Voy a marchar el próximo 27 de junio a las 11 de la mañana vestida de negro porque los y las mexicanas estamos de luto por todos nuestros compatriotas que han sido secuestrados o muertos por secuestros. Estamos de luto por todas las malas noticias que escuchamos a diario. Estamos de luto por la imagen tan deplorable que tiene México en el extranjero. Estamos de luto por Francisco Javier Ortiz Franco, editor del semanario Zeta, al que acaban de acribillar. Estamos de luto porque en nuestro fuero interno ya no creemos en nada ni en nadie. Estamos de luto porque nos hemos convertido en el segundo país del mundo donde hay más secuestros. Y estamos de luto porque vivimos entre criminales, secuestradores, violadores y ladrones. Por eso voy a marchar vestida toda de negro.

Por último voy a ir a la marcha para exorcizar mi miedo, mi tristeza, mi impotencia, pero sobre todo mi vergüenza por las autoridades y los gobernadores que tenemos. Por todo esto voy a ir a la marcha.

Guadalupe Loaeza, Palabra, 24 de junio de 2004

 

* NOTA: Esta página web es una aportación de la
Fundación Colosio, A.C. Filial Coahuila:

Ing. Salvador Hernández Vélez, Presidente; y del
Profr. José Luis Flores Méndez, Presidente del CDE del PRI en Coahuila.